6 de marzo de 2015

San José, amigo fuerte de Dios

San José

San José es modelo de padre y esposo; a él se le encomendó la gran responsabilidad de ser el esposo de la Virgen María y de hacer las veces de padre de Jesús en la tierra. Es también patrón de los Seminarios. Él no fue sacerdote, pero fue un servidor fiel y humilde que en toda su vida señala a Dios y se dedica al Él no buscando otra cosa que cuidar de sus dos tesoros más preciados: Jesús y María.

Aunque tenemos información sobre su vida en los primeros capítulos del evangelio de Mateo y de
Lucas, no conocemos palabras expresadas por él; por eso es llamado el “Santo del silencio”. Sí conocemos sus obras, sus actos de fe, amor y de protección como padre responsable del bienestar del hogar de Nazaret.

En cuanto a su relación esponsal con la Virgen María, San José es un ejemplo para todo matrimonio porque nos enseña que el fundamento de este sacramento es la comunión de corazones en el amor de Dios. Amor que es donación total, nunca carencia. Dios habitaba siempre en aquellos corazones y ellos compartían entre sí los frutos del amor que recibían de Dios.

En algunos momentos de su vida, su fe fue probada (nacimiento de Jesús, huida a Egipto, pobreza en Nazaret…), pero él siempre obedeció y aceptó todo por amor sin exigir nada.

Dios quiso que este buen esposo y padre nos diera ejemplo de humildad en la vida escondida de su sagrada familia y su taller de carpintería.


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