3 de marzo de 2017

Silencio. ¡Desconecta!

Silencio es abstención de hablar; falta de ruido.

Profundizamos

En el diálogo como en la oración aparece la necesidad de una actitud inicial, que debemos colocar como fundamento para entendernos: es la actitud de escucha; y para escuchar debemos guardar silencio, un silencio pleno, profundo, receptivo, sincero, interior y exterior.
Sin embargo, no todo el mundo sabe escuchar, ni todo el mundo quiere escuchar. Por eso, debemos hacer de él ejercicio constante e ir descubriendo que en la vida son necesarios muchos espacios de silencio para percibir con equilibrio y armonía lo que somos y lo que hacemos. No podemos confundir los momentos de silencio con un tiempo vacío; es necesario percibirlos como una oportunidad de respiro saludable, de profundización provechosa.
“El silencio es parte integrante de la comunicación –nos dice Benedicto XVI– y sin él no existen palabras con densidad de contenido. En el silencio escuchamos y nos conocemos a nosotros mismos, nace y se profundiza el pensamiento y comprendemos más claramente lo que queremos decir o lo que esperamos del otro; elegimos cómo expresarnos”.

Estamos experimentando sed de autenticidad, necesidad de transparencia informativa y un deseo de comunicación que nos humanice. Guardar silencio, favorecer o crear espacios de silencio y reflexión siempre es mejor que responder con la tensión de los gritos a quien quiere imponerse a la fuerza. Por eso, la observación que ayuda a concentrarnos nos capacita para la valoración del otro y para la admiración de todo lo que es bueno, verdadero y bello.
Jesús buscaba momentos de silencio a lo largo de su día –al amanecer, antes de tomar decisiones importantes, durante la noche…– para Él era una necesidad.

Aprendiendo de Madre Carmen


Tened mucho recogimiento y en todo dad el olor del buen ejemplo.
Madre Carmen, pensamiento 20. 

En este momento de la vida de Madre Carmen, ante los comentarios negativos que algunas personas hacen sobre ella, la vemos tomar una decisión difícil, arriesgada, pero segura de que es Voluntad de Dios.*
• Podría haberse obsesionado con la idea de que no la han tratado bien, siendo quien es.
• Podría haberlo comentado con otras personas, para que se compadecieran de ella.
• Podría no haber perdonado.
• Podría…
Pero eligió… guardar silencio y “perdonar de todo corazón”, “sin acordarse de nada”.

*Amor, humildad y fortaleza, 1.ª Ed. pág. 507 · 2.ª Ed. pág. 505. En tu Corazón, pág. 113.

¿Y tú...?

¿Eres de los que corren a contar a los demás las ofensas que te hacen o lo malo que dicen de ti? 
¿Le demuestras a los demás lo importantes que son para ti escuchándolos?

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