1 de febrero de 2023

Febrero con corazón de Madre






Sus padres solían ir cada año a Jerusalén por la fiesta de la Pascua. Cuando cumplió doce años, subieron a la fiesta según la costumbre y, cuando terminó, se volvieron; pero el niño Jesús se quedó en Jerusalén, sin que lo supieran sus padres. 

[...] Y sucedió que, a los tres días, lo encontraron en el templo. Al verlo, le dijo su madre: «Hijo, ¿por qué nos has tratado así? Tu padre y yo te buscábamos angustiados». Él les contestó: «¿Por qué me buscabais? ¿No sabíais que yo debía estar en las cosas de mi Padre?». 

Cf. Lc 2, 41-49


Jesús iba creciendo. Tenía ya doce años cuando vino con José y conmigo en peregrinación al Templo de Jerusalén.

Jerusalén era la ciudad de Dios, y el templo Su casa. Llegó el momento de regresar a Nazaret pero, sin que nos diéramos cuenta, Jesús se quedó allí. 

ANGUSTIADOS LO BUSCAMOS DURANTE TRES DÍAS. FUERON MOMENTOS DE PROFUNDO DOLOR.

Cuando por fin lo encontramos, hablamos de lo sucedido. Jesús nos sorprendió una vez más al recordarnos que Él debía estar en las cosas de su Padre...  



  • Si en mi vida Jesús ‘se me pierde’, ¿cuándo y cómo me doy cuenta?

  • ¿Cómo busco a Jesús? ¿A quién y a qué acudo?

  • ¿Qué importancia tiene para mí ‘el Templo’ (estar allí, las celebraciones, los momentos de silencio…)?



Bajo tu amparo nos acogemos,
santa Madre de Dios;
no deseches las súplicas que te dirigimos
en nuestras necesidades, antes bien,
líbranos siempre de todo peligro,
¡oh Virgen, gloriosa y bendita!
Amén.








1 de enero de 2023

Enero con corazón de Madre




«Cuando se cumplieron los días de su purificación, lo llevaron a Jerusalén para presentarlo al Señor. Había entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, hombre justo y piadoso, impulsado por el Espíritu, fue al templo. Y cuando entraban con el niño Jesús sus padres Simeón lo tomó en brazos y bendijo a Dios diciendo: “mis ojos han visto a tu Salvador”. Su padre y su madre estaban admirados por lo que se decía del niño. 

Simeón los bendijo y dijo a María, su madre: “Este ha sido puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten; y será como un signo de contradicción –y a ti misma una espada te traspasará el alma–, para que se pongan de manifiesto los pensamientos de muchos corazones”. 

Había también una profetisa, Ana. Presentándose en aquel momento, alababa también a Dios y hablaba del niño a todos los que aguardaban la liberación de Jerusalén.»

Cf. Lc 2, 22-38


Andando hacia Belén, tuvimos tiempo de meditar sobre lo que nos había ocurrido. Sentí como si un ángel pasara su dulce mano por mi corazón oprimido tras escuchar las palabras del anciano Simeón.

NOTÉ QUE LA CLARIDAD DEL SEÑOR NOS ENVOLVÍA Y RECUPERÉ LA PAZ.  

«Mira –le dije a José–, conviene que veamos el lado bueno de las cosas... Lo más importante es que este niño que tenemos que cuidar es, efectivamente, el Mesías».  




  • ¿Recuerdas quién te ha presentado a Jesús a lo largo de la vida? Anota sus nombres y da gracias a Dios por ellos.

  • ¿Tú a quién le has presentado a Jesús?

  • ¿Quién necesitaría que se lo presentaras?




Dios te salve, Reina y Madre de misericordia,
vida, dulzura y esperanza nuestra; Dios te salve.

A Ti clamamos los desterrados hijos de Eva;
a Ti suspiramos, gimiendo y llorando,
en este valle de lágrimas.

Ea, pues, Señora, abogada nuestra,
vuelve a nosotros esos tus ojos misericordiosos;
y después de este destierro muéstranos a Jesús,
fruto bendito de tu vientre.

¡Oh clementísima, oh piadosa,
oh dulce Virgen María!

Ruega por nosotros, Santa Madre de Dios.
Para que seamos dignos de alcanzar
las promesas de nuestro Señor Jesucristo.
Amén.